encuentrosnublados

Entre miradas al paisaje, pasos cansados, alas en vuelo y telarañas al amanecer


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Andanzas y encuentros

Introducción:

Desde muy niño cuando cogiamos café en la finca, recuerdo como Papá se entretenía cantando a toda voz mucha canciones que había memorizado desde joven. Así conocí de muchos cantantes de rancheras, tangos y otros estilos que inspiraban a Papá en medio del trabajo del campo. Talvez esos cantos le ayudaban a olvidar por un rato el sol caluroso, el hambre y el cansancio del trabajo duro y quien sabe de cuantas otras penas.  Ahora pienso que mis propias inspiraciones iniciaron su gestación en medio cafetal cultivando la tierra, recogiendo la cosecha y escuchando esos cantos entrelazados con los cantos de tucanes, pájaros campana y pecho-amarillos y los gritos de otros peones en las fincas vecinas o de los chiquillos ‘jalando’ los almuerzos.

Las  narraciones y poesías que comparto aquí son memorias de encuentros muy cortos  que han quedado grabados en la mente y el corazón como el primer día de escuela, como la primera vez que me caí del Tuerto, el caballo colorado.

Los  escribo con el propósito de revivirlos y transmitir alegrías que han iluminado mis días. En algunos casos han sido encuentros con criaturas de la naturaleza, del campo donde vivo.  Otros encuentros fueron solo un escenario fugaz, a veces en un lenguage sin palabras, solo un gesto amistoso y una mirada fué suficiente, como la niña chichosa, o la ¨conversación¨ con el joven sordomudo viajando en un bus de San José o el caballo de Copey dormitando  en media calle.

***

En el pueblito donde crecimos, San Luis de Monteverde, en los años de nuestra infancia era muy difícil conseguir libros nuevos. La escuelita de una aula, un maestro y 15 niños solo contaba con unos pocos textos viejos y arrugados por el uso. La diferencia en nuestra familia era que a Papá y Mamá les gustaba leer y una vez al año, durante su viaje a la ciudad a visitar su familia, casi siempre Papá regresaba con un libro o alguna revista con historias, cuentos de otras regiones y  lecturas de motivación para la vidaA veces fue la Abuela Consuelo, de Atenas, quien nos envió revistas con narraciones de personas ejemplares para la humanidad.

Quizá por eso, desde la niñez he sentido  atracción por las historias escritas, con su diversidad de formas de expresión tan ricas y tan coloridas; entre ellas la poesía, que nos alegra el corazón con tantos cantos, acercándonos al alma del ser humano tantas veces menospreciada, adolorida  y angustiada.

Disfruto mucho de los espacios de contemplación simple: Una hoja llevada por el viento, una semilla envuelta en finos pelos que se va lejos flotando con la brisa pero sin prisas; la fina telaraña  que sostiene entre sus delgados hilos las pequeñas gotas de rocío mientras sale el sol.  Son momentos donde el espacio y el tiempo se diluyen uno en el otro mas allá de cualquier medida y de todo lenguaje humano.

Intento cultivar visiones y motivar la imaginación con la esperanza de impulsar a otros hacia su propio encuentro interior. Creo que es necesario caminar adentro de uno mismo primero, reconocer las huellas y también las piedras en el camino andado para encontrarse con el otro, con el amigo, con el hermano; con el que no conozco, el que ya no cree y sigue caminando sin saber adonde va, el que cree y a veces tiene motivos grandes para dudar. Con quien busca en sus pasos una claridad en el horizonte nublado de esta humanidad y  despertar al amanecer con ojos renovados.

Escribir es para mi una búsqueda entre el espíritu en las nubes iluminadas por un atardecer y mis pies en los caminos embarrialados, espinados a cada rato en la infancia; renqueando por los golpes y tropiezos de una vida que no ha sido siempre un lecho de rosas.

Sin embargo reconozco que esos encuentros no se pueden traducir a palabras en toda su plenitud y gozo.

Algunos pasajes son conversaciones muy internas, para no olvidar de donde vengo, no tanto para otros. Para no olvidar la leña buena para cocinar el maiz y los frijoles, el tiempo de sembrar y de cosechar. Para recordar que vamos entretejiendo juntos una telaraña de trillos infinitos andados por pies descalzos, heridos y retorcidos.  Por abuelos  de a pata pelada  y pies adoloridos.  Por  abuelas amorosas que nos enjugaron tantas lágrimas con el mismo delantal y que muchas veces enjugaron sus propias lágrimas a escondidas.

Como lo escribió bien clarito Diana Avila:

Las palabras

 “Debo decir, solo para que yo no muera. Para que no pierda las palabras. Solo para ser. Para no morir. Solo para que yo pueda nombrarme. Para que no me olvide. Para que el silencio no me envuelva.Tengo que decir para creer. Para estar en mi”.

D.Avila; Los Colores de mi silencio. Edit. UCR 2010

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